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Siluetas en la oscuridad (Abner) | Express

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Siluetas en la oscuridad (Abner) | Express

Mensaje por Kaleb G. Sovngarde el Lun 8 Jun - 13:21

Kaleb se cruzó de brazos, mirando desde la acera de enfrente la fachada de la discoteca.  Sus ojos vislumbraban un mundo que jamás había conocido. No era el tipo de personas a las que les gusta entrar en un sitio oscuro y donde no puedes ni oír tus propios pensamientos, llenos de gente que no tenía otra cosa que hacer que contonearse al ritmo de una música que machacaba la cabeza. No era precisamente su sitio favorito del mundo. Ese era Disneylandia. Y aquella discoteca tenía poco que ver con Mickey Mouse. Si acaso, uno de los que acababan de entrar tenía algo de Goofy.

Miró con gesto serio a la rubia que estaba a su lado. Ella le devolvió la mirada, asintiendo. Los había visto. Tenía ese don. Los truquitos de salón con los que todos se escondían de los ojos humanos no funcionaban con ella en concreto. Por eso los liberti la utilizaban para detectar a aquellos seres potencialmente peligrosos para los humanos normales y corrientes. Con una sacudida de cabeza, ella le indicó los objetivos de esa noche. Un chico joven que acababa de entrar y una chica que entraba tras él, a cierta distancia, como si lo estuviera vigilando. Un subterráneo y una tía de los tatuajes. Dos objetivos en un día.

Ni corto ni perezoso, se encaminó hacia la puerta de la entrada, dejando a la rubia en la estacada. No la necesitaba para nada ya. Sabía a quién debía seguir; no necesitaba la ayuda de nadie más. Él se lo guisaba, él se lo comía (comer era una de las partes del día que más le gustaban). Pero su sorpresa fue mayúscula cuando, al entrar en el local, el túmulo de cuerpos bailando le hizo perder a sus objetivos. Ni el hombre ni la mujer entraban en su ángulo de visión. Contrariado, frunció el entrecejo, como si sus cejas fueran dos amantes separados que ansiaran un mínimo contacto entre ellos. Necesitaba un punto de referencia. Se acercó a la barra, donde apoyó sus antebrazos y encorvó su espalda, mirando por el rabillo del ojo en su búsqueda de objetivos. No se le iban a  escapar, eso seguro. Se apostaba su cuello a que no.

Kaleb G. Sovngarde


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Re: Siluetas en la oscuridad (Abner) | Express

Mensaje por Abner N. Reed el Lun 8 Jun - 13:50

Expulse el humo del sexto cigarrillo que tomaba ese día. Para alguien como yo un cigarro no era nada, a decir verdad era una de las ventajas el no enfermar. Retire los lentes de mis ojos, mientras miraba al local que se situaba enfrente. Nuevamente estaba ahí visualizando a mi presa de esta noche, una simple chica de cabellos dorados y ojos avellanados. ¿Quien era? La hija de un empresario, uno corrupto que estaba en el camino de la empresa de mi jefe.

Le mire entrar al club. Era momento de moverme. Salí del coche, sacudí mi gabardina y al igual que ella, entre. Mire con disgusto el lugar repleto de personas, tanto mundanas como subterráneas; incluso apostaría a que había alguno de esos apestosos nefilims por aquí. Camine hasta la barra, desde ahí podría identificarla sin problemas. -Un wisky en las rocas, doble- le ordene al barman.



Abner N. Reed


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Re: Siluetas en la oscuridad (Abner) | Express

Mensaje por Kaleb G. Sovngarde el Lun 8 Jun - 14:12

Los dedos tamborileaban sobre la barra. Kaleb se empezaba a impacientar. No soportaba eso. La calma antes de la tormenta. Él prefería un millón de veces la tormenta. Al menos, ahí tenía algo que hacer. Sabía desenvolverse. Pero la calma nunca traía nada bueno. En la calma, el rubio se sentía perdido. Y no le gustaba esa sensación. No podía concebir algo escapara a su control. Aunque esa idea intentara introducirse a presión en su cabeza., no podía. Quizás por el oído.
Kaleb vislumbró una cabellera rubia entre el gentío. Era ella. La humana con visión. ¿Qué rayos? ¿Por qué había entrado? La había dejado fuera por una razón. Allí no servía de nada.

-¿Qué c*ñ* haces aquí? – le preguntó, sin mucho tacto. No le importaba demasiado ser amable o no con ella. La rubia le dirigió una mirada significativa. Kaleb sabía lo que significaba. No le iba a dejar solo. Ambos tenían que realizar ese trabajo, juntos. Así se lo habían ordenado. Pero al sueco no le hacía ninguna gracia. No quería trabajar con ella. Rendía mucho mejor cuando no tenía a una jovencita tirando de sus faldones. Le cogió fuertemente del hombro, tirando de ella hacia la salida. – No necesito tu ayuda – gruñó, como si fuera una especie de animal salvaje.  Desde luego, por los modales lo parecía. Aunque no por el olor.  Que uno debe cuidar los pequeños detalles, y su champú  de marca blanca dejaba unos resultados excepcionales.

Sin dejar a la chica que replicara, la condujo sin miramientos hacia la salida, dejando claro con su mirada que no admitía ninguna discusión. Pero antes de que se fuera (o más bien, fuera expulsada), el rubio captó una nueva mirada de la chica. Y esta vez no iba dirigida hacia él, sino hacia otro hombre. Uno que se apoyaba en la barra y acababa de pedir una copa. Uno de ellos, seguro. No estaba claro de quienes, pero algo era. Volvió a la barra como si fuera un torbellino, un terremoto y Miley Cyrus, todo ello mezclado y embutido en una camiseta. Preso de la furia, olvidó, por un momento, la mirada de advertencia de su compañera. Nunca te dejes aconsejar por la furia. Normalmente se equivoca. Y, cuando no lo hace, siempre trae malas consecuencias.

Kaleb G. Sovngarde


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Re: Siluetas en la oscuridad (Abner) | Express

Mensaje por Abner N. Reed el Lun 15 Jun - 23:30

Golpeaba los dedos contra la barra de granito oscuro en aquel "pub", impaciente con el tardío barman y mi bebida, miraba de reojo a la rubia que seria mi actual presa. Estaba bailando alrededor de un joven que parecía inexperto en estos ambientes, me reí socarrón, sin duda se veía que aquel muchacho estaba incomodo; la maldita mujer se estaba casi restregando contra el. Aun si intentaba aparentar, la rubia se veía como una completa... como dirían en estos tiempos "zorra", creo que le haré un favor a ese joven cuando me deshaga de esa chica.

-Aleluya- le dije al hombre cuando llego con mi whisky. -¿Tan difícil te fue prepararlo?- le dirigí una mirada de burla, vamos ¿quien se tardaba mas de diez minutos en hacer un whisky en las rocas? Menudo empleado bueno para nada. Apenas le había dado un sorbo cuando, lo sentí, ese instinto asesino, la furia, alguien estaba mirándome con tal intensidad. ¿Pero quién? Giré el rostro levemente hacia la multitud, y visualice a un hombre que venia hacia la barra, no era un subterráneo, se notaba en su olor... "Liberti", aquella palabra llego a mi mente en un flash. Maldición, tendría que dejar a mi presa para otra noche, deje el vaso sobre la barra, y comencé a alejarme hacia los lavabos.



Abner N. Reed


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Re: Siluetas en la oscuridad (Abner) | Express

Mensaje por Kaleb G. Sovngarde el Miér 17 Jun - 5:35

Poco a poco, la furia liberó de su mortal abrazo a Kaleb, concediéndole la condicional de la prisión en la que lo mantenía encerrado. Pero entre las ventanas con rejas, ésta no apartaba la mirada del joven, esperando que volviera a caer en sus redes tarde o temprano. Ambos se conocían lo suficiente como para saber que sucedería tarde o temprano. Más temprano que tarde. Kaleb y la furia se buscaban como dos imanes, atraídos el uno por el otro en una funesta danza que no había hecho más que traer problemas al joven. Pero qué le vamos a hacer. Ya se sabe; amores reñidos son los más queridos.

Y conforme su mente se volvía libre para poder pensar (en la medida en que Kaleb pensara), volvió a su mente la intencionada mirada de su compañera hacia el hombre que se encontraba a poca distancia de donde él estaba. Sabía perfectamente lo que ella había querido decir. El rubio había perdido a sus dos presas al confundirse éstas con la marea de cuerpos que danzaban entre las intermitentes luces del lugar, pero al menos no se iría aquella noche con las manos vacías. Simplemente era cambiar de objetivo. Aquel no era su objetivo de esa noche, pero para Kaleb todos ellos eran objetivos. Y si se encontraba con uno al que podía reducir de una manera sencilla, no iba a desaprovechar tal oportunidad.

Se iba. Pudo observar cómo su presa se le escapaba de entre los dedos, dejando su vaso en la barra para irse  a otro lugar. ¿Habría descubierto su presencia? Kaleb frunció el entrecejo. No era un hombre al que le gustaran los bailes de salón, las dobles caras ni las cuestiones encubiertas. Se levantó, presto a seguir a su presa hacia donde se dirigiera. Lo alcanzó cuando éste casi había llegado a la puerta de los servicios. - Creo que te has dejado la bebida en la barra- comentó a la espalda del hombre, sin un ápice de humor y con el entrecejo fruncido. Las cartas sobre la mesa. No iba a jugar con él. Estaba claro que no tenía ánimo de charlar.   

Kaleb G. Sovngarde


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